Cómo partir una canción en secciones narrativas
Antes de planificar planos contra una canción hay que saber dónde cambia. Tres escuchas, unos cuantos segundos apuntados y un nombre para cada parte — sin saber solfeo.
Todas las guías sobre montar con música te dicen que «cortes al golpe». Es un consejo para el montaje, y es demasiado pequeño para planificar. Una canción de tres minutos tiene cuatrocientos golpes. No se pueden planificar cuatrocientos de nada.
Con lo que sí se puede planificar es con secciones: los cinco a siete bloques de los que está hecha una canción. Cada uno tiene una energía distinta y cada uno pide un tipo de imagen distinto. Si sabes dónde empiezan y para qué sirve cada uno, sabes cuántos planos necesitas, de qué tipo y en qué orden — antes de coger la cámara.
No hace falta saber música para encontrarlas. Hace falta escuchar tres veces.
Qué es una sección
Una sección es un tramo de la canción donde la energía se mantiene más o menos igual. Acaba cuando algo cambia lo suficiente como para que quieras que cambie también la imagen.
Lo que marca un cambio se oye fácil en cuanto lo buscas:
- Entra algo — la batería, la voz, una segunda guitarra.
- Se va algo — todo cae menos un piano; el ritmo se para un compás.
- Se abre — el estribillo: más alto, más ancho, más voces.
- Gira — un puente que por un momento parece otra canción.
- Silencio. Un hueco es siempre una frontera entre secciones. Y es un regalo: los silencios son cortes.
Tres escuchas
Primera escucha: manos quietas. Con los ojos cerrados si puedes. Sin pausar, sin apuntar. Solo estás averiguando dónde reaccionas tú: dónde te incorporas, dónde te relajas. Esos momentos son los que va a sentir también quien lo vea.
Segunda escucha: marca los cambios. Ponla otra vez con un cronómetro a la vista y apunta el segundo cada vez que pase algo de la lista de arriba. Sin juzgar y sin poner nombres. Te saldrán más marcas de las que necesitas; no pasa nada.
Tercera escucha: junta y nombra. Ahora sé estricto. Dos marcas a cuatro segundos de distancia son un cambio, no dos. Un cambio que oyes pero en el que no cortarías la imagen no es una frontera. Lo que sobrevive es tu lista.
¿Cuántas son las correctas? Con menos de cuatro solo estás marcando «parte tranquila, parte fuerte»: demasiado grueso para planificar planos. Con más de ocho estás marcando frases, no secciones. Para una canción de dos a cuatro minutos, de cinco a siete es casi siempre la respuesta.
Una comprobación con números
Las canciones se construyen en bloques de 4 u 8 compases, así que las secciones suelen tener duraciones regulares. Si conoces el tempo, conoces esas duraciones:
Segundos por compás = 240 ÷ BPM (con los cuatro tiempos por compás de siempre)
A 120 BPM un compás dura 2 segundos, así que una sección de 8 compases son 16 segundos y una de 16, 32. A 90 BPM, 8 compases son unos 21 segundos.
Esto no hace falta para encontrar las secciones —eso lo hacen tus oídos—. Sirve después: si tus secciones salen de 16, 16, 31, 17 y 32 segundos, has dado con la estructura real. Si una sale de 11, seguramente has cortado en mitad de una frase; vuelve a escuchar ese punto.
Si puedes ver la forma de onda, úsala también. Los cambios de sección suelen verse: el bloque se hace más denso, más fino, o se para.
Ponles el nombre de la película, no el de la canción
«Estrofa 1, estribillo, estrofa 2» describe la canción. No te dice nada sobre qué grabar. Renombra cada sección por lo que hace en tu vídeo.
Ayuda pensar que cada sección tiene uno de unos pocos trabajos:
| Trabajo | Qué hace | Cómo suele verse |
|---|---|---|
| Gancho | Se gana los diez segundos siguientes | Una imagen fuerte y tranquila. Poco movimiento |
| Contexto | Dice dónde estamos y de quién va esto | Generales, planos de situación, caras |
| Desarrollo | Las cosas empiezan a moverse | Trayectos, acción, planos más cortos |
| Clímax | La razón por la que existe el vídeo | Tu mejor material, el montaje más rápido |
| Resolución | Deja respirar a quien mira | Tomas más largas, última luz, quietud |
| Cierre | Título, créditos, despedida | Un plano, o negro |
No todas las canciones usan los seis, y algunas repiten uno. La cuestión es que cada sección tenga un trabajo y que dos secciones vecinas no tengan el mismo: si lo tienen, seguramente eran una sola.
Después dale un nombre que reconozcas en el sitio: no «Desarrollo» sino «La carrera». No «Clímax» sino «Amanecer».
Cuando la canción no tiene estribillo
Los temas instrumentales, los ambientales y las bandas sonoras no siguen el esquema de estrofa y estribillo, y son justo los que más se usan en vídeos de viaje y de boda. El método es el mismo; solo que sigues la energía en vez de la estructura. Marca dónde sube, dónde se mantiene, dónde cae. Una banda sonora que crece durante noventa segundos y luego se suelta son tres secciones —subida, pico, salida— aunque no se repita nada nunca.
Lo que te llevas
Una tabla corta. Ese es todo el entregable:
Con ella puedes calcular cuántos planos pide cada parte —la duración de la sección dividida entre lo que dura cada plano en pantalla—, que es el paso que cuento en cómo planificar un vídeo de viaje con música. Y cuando llegues al montaje, esos mismos inicios se convierten en marcadores en tu línea de tiempo: así se hace en Premiere, DaVinci Resolve y Final Cut.
Lo mismo en PreFrame
En PreFrame esto se hace directamente sobre la forma de onda. Sueltas el tema, le das a reproducir y pulsas C donde oigas un cambio: el corte cae en el cabezal, en el segundo real. También puedes hacer clic en la forma de onda para cortar, y clic sobre un corte que ya existe para quitarlo si llegaste tarde. Pon una sección en bucle para comprobar que empieza donde crees.
Cada sección lleva un nombre y uno de esos trabajos narrativos como etiqueta, y la etiqueta le da su color en el timeline.
Y si la música todavía no existe —el compositor sigue escribiendo, o aún no has elegido— puedes dibujar a mano la curva emocional del vídeo y cortar tus secciones sobre ella. El día que llega el tema, pones una encima de la otra.